Artistas y egos: Mi mala experiencia con Rebeca Khamlichi
Estamos acostumbrados a ver a artistas con aires de grandeza, como si nos situásemos siete siglos atrás. Este no era el caso de la pintora Rebeca Khamlichi, o eso parecía...
Hace cuestión de una semana me puse en contacto con Rebeca a través de Instagram, sin muchas esperanzas de que pudiese leer mi mensaje. En dicho mensaje, le explicaba que estoy en la fase final de mi carrera de periodismo y que estaba inmersa en un trabajo sobre feminismo, en el que me gustaría que tuviese un hueco.
Básicamente, mi intención era hacerle un par de preguntas, ya que es una pintora que en sus obras refleja muy bien la esencia del feminismo. Mi sorpresa llegaba cuando respondía a mi mensaje, afirmando que no tenía incoveniente en que le realizase dicha entrevista.
En todo momento, durante nuestra conversación, me he mostrado a su entera disposición, dado que comprendía que su agenda fuera más apretada que la mía. Rebeca me concertó una entrevista vía Skype el pasado viernes a las 14:00h.
Algo que he aprendido en todo el tiempo que llevo en la carrera es que un buen profesional debe de prepararse para una buena entrevista. Por ello, preparo la entrevista con antelación, imprimo las preguntas, e incluso hago una especie de cartel que muestro a continuación.
Evidentemente, me documento sobre toda su obra y viceversa. Ante la inminente llegada del momento de la entrevista le solicito su usuario de Skype para poder realizarle la llamada en el día y hora que habíamos quedado. A esto me indican que no se sabe su usuario y que lo buscará para decírmelo.
Nos situamos ya en el viernes por la mañana, a dos horas de nuestra cita para la entrevista. No había recibido el mensaje con su usuario, así que decidí preguntarle. De repente, me dice que se le ha complicado el día, que no encuentra su usuario y que se ha dejado el portátil en el taller. Dentro de mi, intentaba ser comprensiva, dado que me dijo que le pasase las preguntas por el chat de Instagram y ella me las respondía.
Cambio todo el proceso que tenía previsto para la realización de la entrevista, le paso las preguntas como me indicó y... una semana después, ¡sigo a la espera de las respuestas!
Quizá yo no comparta su mismo status, quizá yo no sea periodista de Harpers Bazaar ni nada parecido, pero mi tiempo, mi trabajo y esfuerzo valen lo mismo que los de cualquier otra persona. Para colmo, no he recibido ningún tipo de explicación por parte de ella, un visto.
Muchas veces las artistas femeninas sienten que no se las valora igual, que tienen que demostrar más o que no tienen la misma valía. Pues así me has hecho sentir a mi, Rebeca.
Espero que con el paso del tiempo pueda valorar más el esfuerzo que hace todo el mundo por salir adelante, sin menospreciar a nadie por su origen, raza, cultura y viceversa.
Sobre todo, espero que todo el mundo mande mensajes acorde a lo que realmente piensa.

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